Los mosaicos de Fray Domingo Iturgaiz
El sugerente canto de las piedras
Domingo Iturgaiz tiene la capacidad de sorprender, e incluso en
muchos casos, el observador no puede menos que sentirse especialmente atraído
ante la fuerza expresiva que ofrecen sus mosaicos.
A
partir de la piedra, sin mayores aditamentos, en algunos casos cuidadosamente cortada,
en otros conservando todo su rudimento, los mosaicos de Iturgaiz son sugerencias
a un mundo de ilusión en donde el acto pictórico se reduce a su expresión
primera, pero en donde los elementos de la figuración, claroscuro, volúmenes
y líneas, se consiguen a base de ingenio y de maestría.Trabajando
casi descuidadamente, detrás de una apariencia de orden y armonía,
surge el auténtico mundo de Iturgaiz. La fuerza de los elementos, la piedra
en concepción de orden frente al caos de la naturaleza, hace brotar imágenes
de singular belleza. Posteriormente, el cuadro muestra su morfología, su
estructura hecha a base de elementos desordenados en sí mismos, que guardan
la capacidad de sugerir y mostrar las posibilidades expresivas de algo que no es
usual.La exposición de Domingo Iturgaiz, a camino entre el arte y la artesanía,
es un paso lleno de connotaciones sugestivas que el espectador puede admirar.

"Navarra Hoy" Sábado 11 de junio de 1983
Sentido moderno del mosaico
Una vez visitada la exposición de mosaicos de Iturgaiz, no nos extraña
la comparación que el critico de arte Juan Plazaola hace de Iturgaiz con
el mosaicista alemán Knappe. Iturgaiz entiende el mosaico, no como una pintura
brillante al modo de los marales bizantinos, hechos de incrustaciones de ricas teselas,
fabricadas con arenas brillantes de las islas, como por ejemplo la de Murano, cerca
de Venecia.
Iturgaiz no usa estos materiales ricos, sino por excepción.
Se fija más bien en las piedras y cantos rodados humildes, olvidados y pisoteados,
que sabe convertir en luces y sombras, en color y dibujo subyacente bajo la materia
incrustada.Iturgaiz tiene una concepción pictórica del mosaico, que
trabaja como el mural, aludiendo a sus orígenes artísticos de moralista
y vitralista. Los mosaicos de este artista, pequeños en su dimensiones, como
cuadros enmarcados, se cuelgan de la pared, y se ofrecen a los ojos como una auténtica
composición pictórica, que aprovecha los colores de los mármoles
y de las piedras, nada chillones, sino sombríos y matizados. Piedras y mármoles
naturales, raramente combinados con verdes o lapislázulis de Murano, para
acrecentar el contraste del dibujo y del color, o modelar el volumen de una fruta
sobre un canastillo.Sus mosaicos son bodegones, paisaje o composiciones abstractizantes,
en gamas sombríos de varios matices, que recuerdan la severidad de la vieja
pintura al fresco. "Iturgaiz sabe convertir los cantos rodados de los ríos
y playas en elementos de arte, que imitan mejor la urdimbre de los mimbres y cañas
en los cestos, o las formas del rostro humano".

Yo lo adscribiría a la escuela expresionista, pero sin estridencias, porque
sabe utilizar las piedras tal como se las ofrece la naturaleza''.
Valentín Arteta
El "Cristo de cerámica" de Loyola

En el presbiterio, la mesa de altar circular de granito blanco, así como
el ambón y el sagrario de plata sobre un pedestal independiente y al fondo,
como gran retablo, un mural vertical de unos 6 por 9 metros, con una artística
obra en mosaico. Son trocitos de mármol con tonos grises, negros, blancos
y algo rojizos, dejando ver la imagen de Cristo en la cruz. A un lado, un panel
también de mosaico con la Virgen orando.Es una magnifica obra de arte muy
original, cuyo autor, según la inscripción, es el padre dominico Domingo
Iturgaiz, navarro, y lleva la fecha de 1973.¿Qué representa?, ¿qué
vemos?... El autor no define y quiere que cada uno ponga su imaginación,
y hay quien ve cerca del Cristo, el sol, nubes, la tarde del Viernes Santo en el
Calvario y, por supuesto, sin soldados, varias grandes lanzas, la caña de
hisopo con la esponja.Es una imagen que recoge y hace pensar, muy bien colocada
en esa capilla para meditar y seguir la contemplación de los ejercicios de
San Ignacio. La luz, azul que atraviesa las vidrieras ayuda a recoger la ánima
y a ''sentir dolor, quebranto, lágrimas, pena interna de tanta pena como
Cristo pasó por mí…", que escribe el Santo.
L. Uterga Martes,
2 de noviembre 1992
Fr. Domingo explica algunas obras
Soy de la generación de la década de los sesenta, cuando el MAS había
empezado su andadura y lo seguí a distancia, dentro de la Orden Dominicana.
Mi trabajo artístico y mi colaboración con la iconografía dominicana
está íntimamente unida al proyecto de La Virgen del Camino. Allí
comencé mi dedicación artística en el verano de 1957.El tema
iconográfico de Santo Domingo me lo planteé en diversas ocasiones.
Siempre en las dos técnicas artísticas que he trabajado: mosaico y
vidriera. Nunca olvidaré mi primer mosaico dedicado a Santo Domingo, como
juego experimental de estudiante en San Esteban (Salamanca). El proyecto arquitectónico
del Colegio Apostólico de la Virgen del Camino (león) fue ocasión
para centrarme en mi vocación artística y allí surgieron los
primeros trabajos serios sobre Santo Domingo. Desde el taller leonés se sucedieron
mosaicos y vidrieras para diversos conventos dominicanos de España: Oviedo,
Caleruega, Las Caldas del Besaya, Pamplona, Madrid, Roma, Miami, Villava...
Santo Domingo parte el pan
(comedor de PP. Dominicos. de Oviedo).
Hacia 1958-59, la comunidad me hace el primer encargo de un mosaico
para el refectorio conventual. Tuve que pensar en un mural de forma de T invertida,
formada por la banda central en la que figura Santo Domingo y una segunda rectangular
que recorre todo el paramento frontal del comedor. El rectángulo central
se reserva para el Santo. Sobre un fondo gris negro se destaca la figura blanca,
de medio busto, en la acción misma de partir el pan de la mesa, para compartir
con los frailes, en recuerdo a la "Cena milagrosa" que Domingo dispensó a
sus frailes en la ciudad de Roma. A ambos lados del Santo, corre una cenefa ancha,
a modo de mantel blanco, sobre el que se emplazan diversos utensilios de mesa. El
mosaico fue realizado en el taller de la Virgen del Camino. La concepción
y forma del mismo está íntimamente unido al primer estilo desarrollado
en León.
Santo Domingo bendiciendo el pan
Siguió el mosaico de Santo Domingo bendiciendo el pan como tema adaptado
al comedor de la comunidad de padres. En la pared frontal y presidiendo el espacio
figura el mosaico del Santo. Es el primer mosaico que ejecuté a nivel profesional.
Presenta, como trabajo primerizo, rasgos artesanales en su realización, con
carácter arcaico, espontáneo y expresivo.
Representa
a Santo Domingo ante una mesa redonda y con manteles colgando. Sólo visible
la mitad de la figura. Al Santo se le ha sorprendido en el momento de bendecir el
pan. Eleva la mano derecha para hacer el gesto de la bendición, mientras
que la izquierda sostiene el pan. Le acompaña la expresión de la cabeza,
con la capucha calada, y los ojos entornados y mirando con unción hacia el
pan. Una forma ovalada circunda la cabeza a modo de aureola. A la tabla de la mesa
se le ha dado importancia por su volumen, como si fuera una visa cenital. Sobre
ella se han colocado utensilios de mesa, como un cuchillo y una gran jarra de agua.
El mueble termina con los pliegues de un mantel blanquinegro, de acuerdo a la entonación
del mosaico; pliegues que se confunden con los pies de la mesa. Fuera del mosaico,
a la altura de la cabeza, se le ha colocado el atributo iconográfico de la
estrella; en este caso doble, por jugar con el simbolismo blanquinegro.
La gran novedad de este mosaico radica en dos elementos. El primero en haber ejecutado
el mosaico con cierta libertad de ejecución, no limitándose al uso
de teselas de idéntico tamaño sino a la utilización de proporciones
muy dispares. En segundo lugar, haber plasmado el mosaico con una cierta soltura,
sin encuadrarlo dentro de una caja, sino que la misma figura y el tablero circular
para comer se perfile contra el fondo de la pared, destacando sus contornos con
plena nitidez.
Frontales de altar de la Cripta de Santo Domingo. Caleruega ( Burgos )

Siendo Provincial de la Provincia de España el M.R.P. Fr. Aniceto Fernández,
antes de ser Maestro General de la Orden, me recomendó encarecidamente con
su bondad característica, que sin abandonar los trabajos de ornamentación
de "La Virgen del Camino", y que pensara en tres retablos para colocar sobre los
tres altares de la Cripta de Caleruega, en el lugar de nacimiento de Santo Domingo
de Guzmán. El mosaico fue llevado a cabo en momento distintos: 1960 - 1962.
De los tres frontales, el primero y más atractivo reproduce: los modos de
orar de Santo Domingo .Los otros dos, están dedicados: uno a la madre, la
Beata Juana de Aza; y el tercero, a toda la familia Guzmán-Aza.

El retablo central y más importante engloba en un espacio rectangular los
nueve modos de orar, inspirado en la tradición manuscrita, que acostumbraba
a realizar Santo Domingo de Guzmán. La única aportación nueva
reside en haberlos integrado en un unido panel retablista. La distribución
la hice, siguiendo el ejemplo de los retablos románicos. La composición
central reservada para figura completa de Domingo - actitud orante de pie- . A ambos
lados se reparten el resto de los ocho modos de oración. Cuatro a cada lado,
siguiendo el orden tradicional de los diversos manuscritos: oración en inclinación
profunda, oración de postración sobre el suelo, oración de
sangre o flagelación de su cuerpo, oración de rodillas, oración
de pie con las manos .sobre el pecho, oración de todo el cuerpo en forma
de cruz, oración de impetración, oración con la lectura-estudio
de las cosas de Dios y la oración itinerante.

Por tratarse de un mosaico como retablo de altar, la técnica que seguí
fue la clásica bizantina: ejecución de la obra musiva en opus tesellatum
para las figuras, y algo mas grandes en opus sectile para los fondos. Se observará
la incorporación de la tesela auténtica de oro para todas las aureolas.
Vidriera de Caleruega
Con motivo de la remodelación del convento de Caleruega, realicé una
vidriera cenital para la capilla coral.

Como la superficie tersa del agua se descompone en círculos; aquí,
la estrella de Caleruega se desdobla y articula en ocho anillos concéntricos
que aumentan de tamaño a medida que se alejan del centro. Ocho anillos que
representan simbólicamente a los ocho siglos de existencia histórica
de la Orden Dominicana. En el circular recorridos de estos anillos aparecen otras
pequeñas estrellas de menor tamaño, que han recibido la luz y el carisma
de Domingo. Son los Santos de la Orden Dominicana que ha ido jalonando la Iglesia
a lo largo de su historia. Dentro de esta constelación policroma se encuentran
todos los dominicos: evangelizadores, mártires, predicadores, doctores, místicos,
contemplativos y artistas. La vidriera aparece firmada en uno de los discos azules
del tercer registro de la izquierda.