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En 1605 el pueblo de Barros (Los Corrales de Buelna-Cantabria) dio a los dominicos de Santillana
una ermita dedicada a la Virgen, que se hallaba cerca del río Besaya y de
unas fuentes termales. Para mayor facilidad en el culto se constituyó allí
una comunidad pequeña que en 1611 se independizó y desde 1663 fue reformada, primero, por el Padre Juan Malfaz, profeso de Valladolid, y, después, por el P.
Alonso del Pozo, profeso del convento de Plasencia. El rigor de las observancias
conventuales era extraordinario y vino a convertirse en convento de recolección.
Como los locales de la primera comunidad eran sumamente pequeños, el P. Malfaz,
buscando mayor aislamiento y comodidad para la meditación, comenzó
las obras del un nuevo convento e iglesia más en el monte y allí fue
trasladada la venerada imagen en 1683. Este convento tuvo gran influencia espiritual
en el convento de San Ildefonso de Ajo y en el de Montesclaros, fundado por el sucesor
del P. Malfaz, P. Alonso del Pozo.Se produjo la exclaustración en 1836, pero
los religiosos exclaustrados siguieron medio ocultamente atendiendo al culto de
la Virgen hasta que la pequeña comunidad fue reconocida por el gobierno en
1877 oficialmente y pudo integrarse al movimiento de restauración de la Provincia
y elevada a priorato, categoría que nunca había tenido.En 1904 se
estableció en Las Caldas la Escuela Apostólica, que en 1908 pasó
a Caleruega y en 1922 se instaló de nuevo en Las Caldas. Perduró allí
hasta la invasión del convento en la guerra civil de 1936. Poco después
fueron asesinados nueve religiosos de la comunidad y, como mártires, tienen
introducida la causa de beatificación.A partir de 1943 comenzaron las obras
de ampliación y edificación de nuevos pabellones, gracias a la generosidad
de D. Gilberto Quijano, conde de Torre Velarde. A ellos pasaron los estudios de
Filosofía de la Provincia y en 1965 se instaló el Instituto de Filosofía,
que en 1970 pasó a la ciudad de Valladolid.
Las principales actividades ha sido, además de la docencia indicada, el apostolado
en la empresa Sniace, de Torrelavega, y son hoy, la atención a los peregrinos,
la predicación en las poblaciones y los ejercicios espirituales.
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