Historia de la Provincia de España
Siglos XIII y XIV
Un precedente importante de la fundación de la Provincia Dominicana de España
es el envío o misión por Santo Domingo de cuatro de sus dieciséis
primeros frailes a la península Ibérica en 1217. La Orden no tenía
todavía un año de su confirmación por el papa Honorio III,
pero la compañía del santo en su vida comunitaria, y de oración
y predicación, había caldeado sus almas y los había preparado
para el apostolado más exigente. El les había conseguido además
en Toulouse una buena formación teológica con clases especiales de
un maestro en Teología. El 15 de agosto de 1217 será para siempre
el Pentecostés de la Orden de Predicadores. Después de intensa oración
y de una ardiente exhortación del padre santo Domingo, éste los dispersa
por el mundo, para que prediquen la palabra de Dios y para que propaguen la Orden,
fundando conventos.
Los cuatro enviados a España fueron Suero Gómez,
Domingo de Segovia, Miguel de Ucero y Pedro de Madrid.
Una antiquísima tradición portuguesa, recogida por sus mejores cronistas
e historiadores dominicos, nos dice que mientras los tres últimos se esforzaban
por introducir la Orden en los reinos de Aragón y de León y Castilla,
fray Suero Gómez se dirige a su querida tierra de Portugal, desarrollando
allí un fecundo apostolado y fundando un convento, que se presenta como el
primero de la Orden en la península. Este convento lo estableció junto
a una capilla dedicada a la Virgen de las Nieves, que se traslado al poco tiempo
a la cercana Santarem. El historiador portugués Luis de Sousa
resalta el parecer de Suero Gómez con santo Domingo: "procuro imitar
tan al vivo a santo Domingo que no le quedo por trasladar a si más que el
nombre". Santo Domingo puso la primera fundación bajo la protección
de Nuestra Señora de Prouille; fray Suero erigió su primer convento
teniendo como patrona a la Virgen de las Nieves. La venida y actividad de santo
Domingo en la península en los años 1218 y 1219 con las fundaciones
de Madrid, Segovia y Palencia aseguró la permanencia y expansión de
la Orden en España.
La división de la Orden en Provincias se hizo en el Capitulo General de Bolonia
de 1221 bajo la presidencia de Nuestro Padre Santo Domingo. Una de las cinco en
que se dividió el orbis dominicano fue la Provincia de España. Y para
regirla nada extraño era, después de lo indicado, que nombrara como
su primer Provincial a fray Suero Gómez. Este desempeñó su
cargo durante doce años, permaneciendo en el provincialato hasta el final
de su vida en 1233. Al morir Suero Gómez contaba ya la Provincia de España
con quince conventos. Se puede decir que el porvenir de la Orden en nuestra patria
se presentaba así muy halagüeño.
El también portugués beato Gil de Santarem fue el
segundo y brillante provincial. Gobernó la antigua Provincia de España
durante dieciséis años, divididos en dos períodos. El primero
fue entre 1233 hasta 1245. Hay luego un espacio intermedio hasta 1257 en que gobiernan
tres hombres notables: Pedro de Huesca, Arnaldo de Segarra
y García de Vulcos. En 1257 comenzó su segundo periodo
el beato Gil, que duró cuatro años, al fin de los cuales pidió
humildemente la absolución de su cargo. Esto tuvo lugar en el capítulo
general de Barcelona de 1261, accediendo a ello los padres capitulares. Al ser reelegido
en 1257 era ya un anciano de unos setenta años, lo que certifica la aureola
de prestigio que nimbaba al santo. Los otros provinciales del siglo XIII fueron
también hombres eminentes, entre los que destacan Rodrigo González
de León, que fue ordenado arzobispo de Santiago de Compostela
en 1286, y Munio de Zamora que será entre 1285 y 1291 Maestro
General de la Orden.
Sobre la vida conventual y de predicación hay bastantes datos que nos hablan
del entusiasmo en general de aquellas generaciones primeras dominicanas por plasmar
y mantener el ideal del fundador. De su preocupación por el estudio como
medio esencial de la Orden para cumplir dignamente su misión podemos ofrecer
algunos datos. Los fragmentos de las actas de los capítulos provinciales,
que se conservan y que han sido publicados en "Archivo Dominicano", vols.
4 y 5 nos muestran el gran cuidado siempre sobre esta materia. En Salamanca comenzó
muy pronto el contacto con la Universidad, recién fundada por el rey de León
Alfonso IX. Las dos primeras noticias documentadas son de 1240 y 1243, que suponen
una relación anterior, quizás de los primeros años de la década
de 1220, en que se establecen allí los dominicos. De 1240 data el testamento
del Maestro Pedro, catedrático de Leyes, que deja un buen
lote de libros a los frailes dominicos, establecido entonces junto al río
Tormes, en el convento de San Juan el Blanco fuera de la muralla. En 1243 el rey
de Castilla y León Fernando III el Santo nombra entre los jueces universitarios
al Prior dominicano de Salamanca.
Conjuntando varios aspectos muy significativos del espíritu de la Orden,
tenemos a mediados del siglo XIII el fenómeno único en el mundo medieval
tanto eclesiástico como civil de la fundación de escuelas de lenguas
orientales, para el apostolado entre judíos y musulmanes en España,
norte de Africa y el este de Asia. Todo ello encuadra perfectamente dentro de la
España medieval y de reconquista, en que el contacto de musulmanes y judíos
era continuo. El apóstol dominico debía aspirar a convertirlos con
su método característico, el científico apologético,
convenciendo con su sabiduría el entendimiento y atrayendo con su persuasión
y vivencia la voluntad. El capítulo generalísimo de 1236, celebrado
en París, animaba a los frailes a aprender las lenguas de los países
vecinos infieles.
San Raimundo de Peñafort, primero como Maestro General,
y después como hombre de gran autoridad en toda la Orden fomentó esos
estudios y apoyó la fundación de las escuelas de lenguas orientales
como las de Murcia y Túnez, en la muy temprana década de 1240. El
capítulo provincial de Toledo de 1250 asigna ocho frailes al estudio del
árabe, entre los que figura el célebre Raimundo Martí,
y se propone enviar pronto otros cuatro. Obedeciendo a una bula de Alejandro IV
de 1256 fue enviada una expedición de veinte dominicos, preparados en hebreo
y árabe, a predicar por España y Túnez a judíos y musulmanes.
En 1259 el capítulo general de Valenciennes encarga al Prior Provincial de
la provincia de España que pusiera en el convento de Barcelona o en otro
convento un estudio general de árabe, al que pudiera acudir cualquier dominico
de cualquier provincia, pidiendo primero licencia al Maestro General. Algo más
tarde se puso escuela de hebreo en el convento de Barcelona y otra de hebreo en
Valencia. El capítulo provincial de Palencia de 1291 dio facultad para establecer
en el convento de Játiva el estudio de las dos lenguas: hebreo y árabe.
Eran estudios especializados. Esto no impedía la seriedad de los otros estudios
humanísticos, científicos, filosóficos y teológicos
que componían la formación integral dominicana. El acta del capítulo
provincial celebrado en León en 1275 nos habla en fechas tan tempranas de
nuestra historia de los estudios conventuales de Gerona, Barcelona, Zaragoza, Calatayud,
Pamplona, Toledo, Sevilla, Murcia y Lisboa. En estos conventos y en otros que no
se citan, porque no venían a propósito de su argumento, como Valladolid,
Salamanca, Palencia, Santiago de Compostela, etc. abrían sus escuelas los
frailes dominicos a propios y extraños. Más exuberante en datos es
el capítulo de Estella de 1281. Nos habla explícitamente de asignaciones
a frailes a 27 conventos. Con respecto a 23 de ellos se dice de modo expreso que
es por razón de estudio. Además de los estudios conventuales a finales
del siglo XIII contaba la provincia de España con dos estudios Generales,
que facultaban a los dominicos para enseñar en todos los centros de la Orden.
Eran esos Estudios Generales el de San Esteban de Salamanca y el de Santa Catalina
Virgen y Mártir de Barcelona.
La Provincia Dominicana había crecido y madurado tanto a lo largo del siglo
XIII que al comenzar el siglo XIV fue necesario dividirla en dos, creándose
con el noreste hispano la Provincia de Aragón. Se llevó
a efecto en el capítulo general de Colonia de 1301. En el siglo XV, en 1418
se constituyó la Provincia dominicana de Portugal, con lo
que volvió a dividirse el territorio peninsular de la Provincia de España.
En el siglo XVI, en 1514, por un Breve del papa León las tierras de Andalucía
y parte de Extremadura fueron separadas para formar la Provincia de Bética.
A finales de ese mismo siglo XVI, en el capítulo general de Venecia de 1592
quedó definitivamente constituida la Provincia del Santísimo Rosario
de Filipinas, que, sin casa propia de noviciado, se compondría
con personal de las otras provincias españolas. Unos decenios antes, en 1569,
los conventos de Navarra, que pertenecían a la provincia de Aragón,
pasaron a la España. Quedaba de esta forma el mapa peninsular definitivo
de la Orden de Predicadores.
El convento de San Esteban de Salamanca, que gozó de un notable protagonismo
en España durante el siglo XIII lo siguió ejerciendo en los siglos
sucesivos, seguramente por tener a su lado una institución tan fuerte como
la universidad de Salamanca. Hasta principios del siglo XIX su historia va al unísono
de esa universidad, alimentando por una parte su espíritu de la sabiduría
y del ambiente científico de ella, y proporcionándole el convento
la colaboración material y de hombres de ciencia que ella necesitaba. A finales
del siglo XIII y principios del siglo XIV la universidad de Salamanca languideció
hasta casi desaparecer. Se puede decir que la superación de aquel bache mortal
se consiguió mediante el empuje y la eficiencia de la Orden Dominicana, que
tenía en ella gran parte de sus intereses en relación con los estudios.
La ayuda más fuerte entonces fue lograda por el arzobispo de Santiago el
dominico Berengario de Landora, bajo cuya autoridad suprema estaba
la diócesis y la universidad salmantinas.
En 1382 fue nombrado obispo de Salamanca el dominico Juan de Castellanos,
Maestro en Teología por la Universidad de París, que dio gran impulso
a los estudios tanto en la universidad de Salamanca como en el convento de Salamanca.
La universidad del Tormes carecía de cátedra de Teología, y
el convento, que tenía esa enseñanza abierta al público, representaba
un buen complemento de la universidad. Otro centro importante de estudios desde
finales del siglo XIII era el de Santiago de Compostela. El citado arzobispo Berengario
de Landora favoreció a ese convento a principios del siglo XIV, y en 1344
mereció ser elevado a la categoría de Estudio General. El clásico
historiador de la Iglesia Compostelana, A. López Ferreiro, habla del gran
influjo cultural ejercido por los dominicos de Compostela durante los siglos XIII,
XIV Y XV.
Siglos XV - XVII
La peste negra de mediados del siglo XIV supuso un duro golpe para toda la sociedad
europea y también para la vida religiosa. Muchos conventos quedaron vacíos
o grandemente disminuidos por la mortandad; era necesario multiplicarse hasta el
exceso para satisfacer las atenciones más elementales. Se admitieron candidatos
sin ninguna exigencia, con lo que la observancia era nula y muchos vivían
una doble vida, en que lo laical dominaba sobre lo religioso. Sabemos que hubo conventos
que lograron salvar su disciplina conventual, tanto de observancia como de apostolado.
De todos los modos urgía la reforma, la vuelta al espíritu y rigor
primeros y así surgieron los movimientos de reforma dentro de las órdenes
religiosas. Dio sus primeros pasos definitivos la Orden dominicana a finales del
siglo XIV, siendo Maestro General el beato Raimundo de Capua, en
Alemania e Italia. En España encarnó ese movimiento reformista a principios
del siglo XV el Beato Álvaro de Córdoba, y fue un
movimiento lento, con sus avances y retrocesos hasta conseguir su encauzamiento
y empuje final en el último cuarto de ese mismo siglo XV, hasta coronarse
la obra en el capítulo de Burgos de 1506. Todavía el espíritu
reformista, encarnado de modo especial en fray Juan Hurtado de Mendoza,
adquirió peculiar rigor en algunas casas fundadas por él con esas
miras de custodiar puro el ideal dominicano, como Talavera, Atocha y Ocaña.
El convento de San Esteban de Salamanca heredó el espíritu del padre
Juan Hurtado, que en él vivió con autoridad varios años y fue
dos veces prior.
Hay entre los reformistas dominicos, en contraposición de las reformas de
otras órdenes, gran obsesión por los estudios, por los libros y por
tener bien surtidas y ordenadas las bibliotecas. Los capítulos y los superiores
provinciales nombraban visitadores, que debían recorrer los conventos para
observar la marcha de las comunidades. Una de las obligaciones era la de examinar
las librerías o bibliotecas de los conventos. El capítulo de Salamanca
de 1489 pide que estén bien provistas las bibliotecas, y carga la conciencia
de los superiores con la obligación de proveer a los hermanos de los libros
que necesiten. De esos años es el comienzo de la construcción del
colegio de San Gregorio de Valladolid. Fue fundado por el obispo dominico de Palencia
Alonso de Burgos y comenzó su actividad en 1496. Muy pronto
adquirió gran fama en España, y luego en América, fundándose
otros colegios aquí y en el Nuevo Mundo a imitación del de San Gregorio
de Valladolid.
Entre los escritores de este tiempo de la provincia de España el más
famoso y prolífico es Juan de Torquemada con una amplísima
y muy variada obra sobre todo de Teología, Derecho Canónico, Espiritualidad
y Sagrada Escritura. El tratado teológico titulado Summa de Ecclesia
ha sido el texto más socorrido de los eclesiólogos hasta el Vaticano
II. Amigo de las letras, él fue quien introdujo la imprenta en Italia y en
Roma. Lope de Barrientos, profesor de Teología en Salamanca,
fue llamado a la corte por Juan II. Obispo de Segovia, Avila y finalmente de Cuenca,
estuvo muy comprometido en la política de su tiempo, logrando la paz en los
enfrentamientos bélicos entre el rey y el príncipe heredero Enrique,
y entre el reino de Castilla-León y los de Aragón y Navarra. Enrique
IV le confirió el cargo de Canciller Mayor. Se distingue asimismo por su
obra en favor de los judíos, tan perseguidos a veces por aquella sociedad,
y por su amplio legado literario.
En este ambiente intelectual destaca el apoyo dado por los dominicos a los planes
de Cristóbal Colón. Entre el otoño de 1486 y la primavera de
1487 Colón se encuentra en Salamanca, donde expone su proyecto transoceánico
a juntas de profesores de la universidad. Su residencia fue el convento dominicano
de San Esteban. El apoyo principal le vino de fray Diego de Deza,
catedrático de Prima de Teología de la Universidad de Salamanca y
preceptor del príncipe don Juan. Tanto en la universidad como en el Estudio
General de San Esteban había catedráticos de Astrología y de
Matemáticas, que pudieron discutir con mucha altura los planes colombinos.
Matemáticos dominicos de renombre eran Juan de Santo Domingo,
a quien llama "gran matemático" el cronista dominico de
esos años Sebastián de Olmeda, y Tomás
Durán, que edita y corrige el Praeclarissimum Mathematicarum
Opus de Tomás Brawardino. Cristóbal Colón reconocerá
en particular la ayuda de Diego de Deza. En una carta del 21 de noviembre de 1504
a su hijo Diego Colón dice de Diego de Deza: "desde que yo vine a Castilla
me ha favorecido". En otra del 21 de diciembre de ese año le dice que
Diego de Deza "fue causa de que sus Altezas tuviesen las Indias y que yo quedase
en Castilla; que ya estaba yo camino para afuera".
La Provincia Dominicana de España conoció su mayor florecimiento en
los siglos XVI y XVII. En la imposibilidad de ofrecer la riquísima y brillante
gama de aspectos que cabría considerar en estos siglos de historia de la
Provincia de España vamos a fijarnos sólo en dos: en el aspecto misional
y en el de la enseñanza.
Al tener lugar el descubrimiento de América los dominicos se sintieron preparados,
con una tradición de siglos, para su evangelización. La primera misión
de los dominicos en América estaba constituida por 16 frailes, que llegaron
a la isla de La Española o Santo Domingo entre finales del 1510 y principios
de 1511. Otros grupos fueron llegando en los años inmediatos. Cuando se cumplían
diez años, en 1521, los dominicos se habían extendido por La Española,
Puerto Rico, Cuba, Jamaica, Margarita y el norte de Venezuela. En 1526 entran en
México, extendiéndose enseguida a Guatemala, todo Centro América
y el norte de Colombia.
En 1529 entran 20 dominicos en Santa Marta de Colombia, con el obispo, también
dominico, fray Tomás Ortiz. Hacía diez años
que habían comenzado su tarea misional desde Santa María la Antigua
del Darién. Cada vez se van internando más en estas regiones, estableciéndose
en las ciudades que se van fundando: Cartagena (1533), Santa Fe de Bogotá
(1538), Tunja (1539). Con temporáneamente, a partir de 1531, con la conquista
del Perú, los dominicos fundan en San Miguel de Piura, Cuzco y Lima. Desde
estos conventos, fundados en las ciudades importantes, se dirigen a los poblados
indios, estableciéndose entre ellos en pequeñas casas o puestos misionales.
Desde el Perú, México y Colombia se fue haciendo la penetración
misionera dominicana en el resto de las regiones de América desde mediados
del siglo XVI. Con el primer obispo de Manila, el dominico Domingo de Salazar,
elegido en 1579, comienza la Orden Dominicana otro gran capítulo de sus misiones:
la evangelización en Filipinas, China, Formosa, Japón e Indochina
o Tonquín, el actual Vietnam. Más de 3.500 misioneros dominicos salieron
de España entre los siglos XVI y XIX para la evangelización de América
y del Extremo Oriente.
Desde un principio los misioneros dominicos se sintieron comprometidos con los problemas
de los naturales. Quedó como paradigma para toda su historia la proclamación
de los derechos humanos de los indios con el sermón de libertad de fray
Antón Montesino en la isla de Santo Domingo en 1511, al año
de su llegada a América. Ante las autoridades gubernamentales de Las Indias,
ante conquistadores, encomenderos y colonizadores, protestó Montesino en
su sermón con toda su fuerza: "¿Con qué derecho y con
qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios?
¿Con qué autordad hacéis tan detestables guerras? ¿Es
que los indios no son hombres? ¿Es que no son racionales y libres? ¿Es
que no estáis obligados a amarlos como a vosotros mismos?".
La dureza de la acusación llegó rápida a la corte de España,
hiriendo la conciencia real y sintiéndose el rey obligado a las Juntas de
Burgos de 1512 con juristas, teólogos, oficiales regios y los informadores
de la situación en Indias. El fruto inmediato fueron las Leyes de Indias
de 1512-1513, que regulan el trabajo y ordenan un comportamiento humano y suave
de los indios. Los dominicos no quedaron satisfechos porque no se eliminaba la causa
del mal, que eran las encomiendas o repartimientos a particulares, que sólo
ansiaban enriquecerse, aunque fuera a costa del trabajo excesivo y agotador del
indio. Y continuaron luchando sin descanso por los derechos de los indios. Dos nombres
han quedado como símbolos de esa actividad hasta nosotros: el sabio y catedrático
de la universidad de Salamanca, Francisco de Vitoria, y el misionero
y obispo de Chiapa, Bartolomé de Las Casas.
Con motivo del V Centenario de América, algunos autores han sacado a relucir
los siguientes datos unidos a la CUADRICULA y al CONVENT0 DE SAN ESTEBAN DE SALAMANCA.
En los años 1550-1551 se tuvieron en Valladolid unas reuniones de la "Congregación
General de los Reales Consejos de España". En ellas estuvieron presentes
los frailes dominicos Domingo de Soto, Melchor Cano
y Bartolomé de Carranza. Allí se trataron, entre
otras cosas, las condiciones para los asentamientos hispanos en Las Indias, sus
ciudades y poblados.
Las conclusiones de estas juntas fueron asumidas más tarde en las famosas
ordenanzas de Felipe II de 1573, con el título de Instrucción sobre
nuevos descubrimientos y poblaciones. En esa instrucción se recogen directamente,
casi al pie de la letra, las ideas que sobre urbanismo da santo Tomás en
su opúsculo De regimine principum, y que los citados dominicos dieron
a conocer en las juntas de 1550-1551. La citada Instrucción estaba ordenada
al buen gobierno de Las Indias y viene recogida en el Cedulario Indiano
y en la Recopilación de las Leyes de Indias, siendo fácil
establecer un paralelismo con los textos de la mencionada obra del dominico santo
Tomás de Aquino. Por eso pensamos que los Dominicos intervinieron muy eficazmente
en la implantación y difusión de la cuadrícula en América
y Filipinas.
Por lo que se refiere a la enseñanza las universidades españolas conocieron
durante el siglo XVI una presencia muy numerosa, cualificada e influyente de catedráticos
dominicos. Figura en primer lugar la universidad de Salamanca, cuyos catedráticos
de prima de Teología fueron todos de la Orden de Predicadores en ese siglo.
Recordemos algunos: Francisco de Vitoria, Melchor Cano,
Domingo de Soto, Mancio de Corpus Cristi, Bartolomé
de Medina, Domingo Báñez. Varios de
los catedráticos de Vísperas y de Escritura y de otras menos importantes
fueron también dominicos. Aunque no tanto como en Salamanca, la actividad
educadora de la Provincia de España fue asimismo intensa en las universidades
de Alcalá, de Valladolid, de Santiago de Compostela, etc.
En los siglos XVI y XVII brillaron también los Estudios Generales, los colegios
y los conventos-universidades, muy numerosos en esos siglos: Colegio de San Gregorio
de Valladolid, de San Esteban de Salamanca, de Santo Tomás de Sevilla, Santo
Tomás de Alcalá, San Pablo de Valladolid, San Pablo de Burgos, San
Pedro Mártir de Toledo, Santa María de Trianos, San Ildefonso de Toro,
Santo Domingo de Vitoria, Santo Tomás de Madrid, Santo Domingo de León...
Imposible no decir algo de sus destacadas figuras. Fijémonos sólo
en algunas. Francisco de Vitoria en su enseñanza en la Universidad
de Salamanca renueva la Teología, que había sufrido una larga etapa
de decadencia y era la mofa de los humanistas del Renacimiento. Hace más
humanístico, escriturista y crítico su método; la proyecta
hacia los problemas humanos, políticos, económicos y sociales más
vivos de la época; se interesa por la defensa de los derechos del hombre
como individuo y como sociedad. Crea con su estilo y con su temática preferencial
la Escuela Teológico-Jurídica Salmantina, de gran proyección
europea y americana. Es el fundador del Derecho Internacional Moderno, fuente de
grandes internacionalistas españoles y europeos de posteriores tiempos. Sus
Relecciones Teológicas siguen editándose y mereciendo la
atención de los estudiosos.
Domingo de Soto es de un saber enciclopédico. Catedrático
de Salamanca, Teólogo del Concilio de Trento, Confesor y Consejero del Emperador
Carlos V, ha dejado una bibliografía impresa y manuscrita, de un valor singular
en los variados campos. En Lógica, Filosofía, Teología, Catequética,
Espiritualidad... Y También en Física. Su aportación en este
campo es muy destacada hoy por los historiadores de las ciencias, pues se le considera
el autor de las leyes de la caída de los cuerpos, ochenta años antes
de Galileo, que conoció la obra del Soto, y la cita sobre otros temas.
Del siglo XVII haremos también referencia a otras dos personalidades. Sea
el primero Juan de Santo Tomás. Ingresó dominico
en el convento de Atocha de Madrid en 1610. Fue catedrático de Teología
de la universidad de Alcalá. Felipe IV le hizo su confesor. Su obra más
famosa es el Cursus Philosophicus, que ha inspirado en los últimos
siglos toda la Filosofía Tomista. Francisco de Araújo
enseñó Filosofía en el convento de San Esteban de Salamanca
y fue catedrático de Prima de Teología en la universidad del Tormes.
Una de sus obras imperecederas en la historia de la filosofía son sus dos
gruesos volúmenes de Comentarios a la Metafísica de Aristóteles,
que publicó en 1617 y en 1631. Han sido también famosos sus Comentarios
a la Prima Secundae de Santo Tomás.
Siglos XVIII - XXI
Dejamos aparte el siglo XVIII, que careció de originalidad y no supo sacar
el suficiente provecho del siglo de las luces ni enfrentarse debidamente con él.
El siglo XIX conoció la máxima postración de la Orden de Santo
Domingo y de todas las otras Ordenes y Congregaciones Religiosas, y se puede decir
de la Iglesia entera. La invasión francesa de 1808 supuso el saqueo, destrucción,
robo de los conventos y expulsión y martirio de muchos de sus frailes. La
restauración no pudo ser completa con la derrota napoleónica. Otra
prueba supuso el trienio liberal de 1820 - 1823 con el proyecto de disolución
de las Ordenes religiosas. La oposición liberal antieclesiástica llegó
a su punto culminante en los años 1835 - 1837 con la supresión de
las comunidades religiosas y la incautación de sus bienes. Sólo quedó
de los dominicos el convento de Ocaña como noviciado para las provincias
ultramarinas.
En 1860 se adquirió el convento de San Juan Bautista de Corias. La excusa
ante el gobierno fue la necesidad de una casa más para las misiones, pero
los dominicos la consideraban como el principio de la restauración de la
Provincia dominicana de España. El P. Antonio Orge, Comisario
General de la Santa Sede para los dominicos de España, convocó a los
que supervivían de los exclaustrados y que deseaban reanudar su vida religiosa.
Aquel convento, antes abadía de benedictinos, comenzó a recibir novicios,
que serían el futuro de la Provincia. Diez años más tarde se
consiguió el antiguo convento carmelitano de San José de Padrón.
Muy pronto se unió el convento de Las Caldas de Besaya, regido por dominicos
exclaustrados. Con los tres conventos era posible formar Provincia, y así
se consiguió en 1879 la restauración oficial de la Provincia Dominicana
de España. La historia posterior de restauración de otros conventos
y de nuevas fundaciones con la actividad múltiple de los frailes es muy conocida
y fácilmente asequible.
A partir de la restauración de la Provincia dominicana de España,
pudo conseguirse la de las otras dos del territorio nacional. La de Bética
tuvo lugar en 1898 y la de Aragón en 1912. Los conventos reanudaron su apostolado
típico de la Orden: ministerio en torno a su iglesia, misiones populares,
predicación itinerante y docencia. Por lo que se refiere a los estudios fue
también Corias la casa central en un principio de los estudios superiores
de filosofía y teología. El convento de Salamanca iría poco
a poco consiguiendo su posición privilegiada en materia de Estudios de la
Provincia. En 1880 fue acogida en él la comunidad de dominicos franceses
de Toulouse, que habían sufrido la exclaustración de su gobierno.
En 1886 volvieron los dominicos franceses a su patria, y quedó ya definitivamente
ocupado por los frailes de nuestra Provincia. En 1897 se restauró en este
convento el Estudio General, comenzando una nueva etapa de esplendor en los estudios
teológicos. Los estudios filosóficos sufrieron varios traslados: de
Corias a Salamanca, y después a Vergara, Las Caldas de Besaya, Valladolid.
En 1947 El Estudio General de San Esteban de Salamanca fue elevado al rango de Facultad
de Teología, y en 1966 los estudios filosóficos de Las Caldas de Besaya
a la categoría de Instituto Pontificio de Filosofía. Ambos se incorporaron
luego a la Universidad Pontificia de Salamanca, aunque el primero integró
sólo los cursos institucionales, conservando la Facultad de Teología
como privativa para la Orden Dominicana.
Recordemos todavía algunos de los otros muchos acontecimientos importantes
de la Provincia de España del presente siglo. Sin duda que en el orden apostólico,
que es el más propio de nuestra Orden, se ha de señalar el pronto
comienzo de nuestro ministerio espiritual, ya desde 1902, en Centroamérica,
y como misiones vivas y totales, desde 1906 en la amazonía peruana. Igualmente
en ese orden de predicación han sido de mucha eficacia apostólica
y de renovación cristiana de nuestros pueblos las misiones populares que
gozaron durante gran parte de nuestro siglo de gran prestigio. Tanto en un apostolado
como en otro los nombres de predicadores y misioneros, que han dejado estela de
verdaderos modelos han sido numerosos.
Perdido el contacto directo con el mundo universitario, al desaparecer la Facultad
de Teología de nuestras universidades, los dominicos buscaron otro tipo de
enclaves, que los relacionaran al menos indirectamente con la universidad. Uno de
esos primeros enclaves fueron las Academias de Santo Tomás. Se instituían
en ciudades con universidades literarias del Estado. Tenían como misión
relacionarse lo más posible bajo el punto de vista científico-religioso
con profesores y alumnos de esos centros. Destacaron a fines del siglo pasado y
principios de este siglo las de San Esteban de Salamanca y de San Pablo de Valladolid.
Estas academias fueron muy bien recibidas por muchos hombres eminentes de la ciencia
y de la política, como Marcelino Menéndez Pelayo, Alejandro Pidal
y Mon, Miguel de Unamuno, Juan Domínguez Berrueta, etc. Hoy se continúa
esta labor, aunque tomando orientaciones diferentes.
Otro modo de acercarse al mundo universitario fue la creación de residencias-colegios,
imitando en alguna manera los antiguos colegios universitarios, que tanto brillaron
en el Siglo de Oro español. A este género pertenece el "Aquinas"
o Colegio Mayor Universitario de Santo Tomás de Aquino, en la Ciudad Universitaria
de Madrid. Inició su andadura en 1956. En ese mismo año un acontecimiento
singular de orden universitario embarcó a la Provincia de España en
una labor de gran envergadura docente. Fue la concesión de la Universidad
Laboral de Onésimo Redondo, en Córdoba, que inauguró su actividad
con el año académico de 1956-57. Esa labor finalizó en el curso
1979-80.
En 1954 se inició nuestra presencia en la isla de Santo Domingo, que luego
llegaría a ser el Vicariato Provincial de Santo Domingo en R. Dominicana.
Se debería hablar también de los colegios de segunda enseñanza
y de los institutos laborales, igualmente de otras mil actividades que han desarrollado
los dominicos de la Provincia de España, pero esto daría lugar a muchos
volúmenes.